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viernes, 30 de marzo de 2012

¿Qué te hace sentirte hermosa?

Esta es la cuarta entrega del análisis del estudio “ La verdad sobre la belleza”. Puedes acceder al estudio aquí o al resto de entregas aquí

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¿Qué vino antes el huevo o la gallina? ¿Dependemos de cómo nos ven los demás porque tenemos baja autoestima o tenemos baja autoestima porque dependemos de cómo nos ven los demás? Honestamente no lo sé, pero lo que si os puedo decir es que un 86% de las mujeres encuestadas para el estudio de Dove contestaron que sentirse amadas o estar en una relación (81%) las hacía sentirse bellas, lo cual no tendría por qué ser malo per se .

Sin embargo, yo que soy una total y absoluta defensora de la independencia me pareció un tanto preocupante. ¿Significa eso que si discutes con tu familia empiezas a verte peor en el espejo? o peor, ¿si tu novio te deja vas a empezar una dieta para cambiar todo lo que a él podía no gustarle? Pero la cosa sigue, un 81% dice que preocuparse por sí misma que traducido normalmente viene a ser hacerse algún tratamiento de belleza (depilarse, hacerse la manicura…) y un 75% dice que estar en buena forma física también ayuda.

En cuanto a cambios más permanentes, solo el 26% se ha planteado hacerse una cirugía pero el porcentaje sube hasta un 40% para aquellas que están insatisfechas con su belleza o si los procedimientos fueran más seguros y/o gratuitos.

¿Qué podemos deducir de todo esto? Que para sentirnos guapas necesitamos la aprobación de los demás y que además consideramos que nuestra belleza es algo que debe ser mejorado. No es suficiente tal como somos, sino ¿para que existen todos esos productos sino es para ayudarnos a ser más guapas y a sentirnos mejor? Al menos queda algo de esperanza, la misma encuesta dice que el producto indispensable para sentirse hermosa es el desodorante.

No me malinterpretéis. No estoy diciendo que tal como vienes al mundo es como debes quedarte. Obviamente toda persona debe buscar evolucionar, madurar, mejorar…, pero hay un camino muy largo entre querer mejorar y sentir que debo mejorar. Si yo quiero mejorar es porque sé que puedo dar más, que hay cosas de mí, talentos, recursos, pasiones que no estoy utilizando o que podría utilizar mejor, porque sé que hay cosas que podría hacer mejor o de otra manera. Por el contrario la idea de que debo mejorar es una obligación, no lo hago porque quiero, lo hago porque debo, porque eso es lo que se espera de mí, porque eso es lo que se supone que es lo que debo a hacer. Ahí es dónde empiezan las presiones. Si no me creéis, preguntadle al 60% de las encuestadas que creen que la sociedad espera que realce su atractivo.

Y ahí tocamos lo importante del asunto, cuando quiero mejorar lo hago por mí y porque creo que es lo mejor. Cuando debo mejorar lo hago por los demás y por lo que ellos esperan de mi y eso implica que la decisión no es mía es de los demás. ¿Quieres que cuando una decisión tan importante como modificar tu cuerpo de forma irreversible sea por los demás? Tú eres la única que va a vivir el resto de su vida con tu cuerpo así que deberías empezar a cuidarlo y apreciarlo. Además, si no dejas que el resto del mundo decida que trabajo haces, a dónde vas o con quién sales ¿porque les permites a los demás tomar decisiones sobre algo tan personal como tu propio cuerpo?.

martes, 27 de marzo de 2012

¿Vas a comerte todo eso? u otras indirectas sobre tu físico

Esta es la tercera entrega del análisis del estudio “ La verdad sobre la belleza”. Puedes acceder al estudio aquí o al resto de entregas aquí

Aunque casi un 40% de las mujeres considera que la mayor presión acerca de su físico es interna. La verdad es que en nuestra vida diaria nos encontramos con una gran cantidad de mensajes que nos recuerdan como deberíamos ser y a que deberíamos aspirar. Y no estoy hablando solo de las modelos en la televisión y las revistas.

Según el estudio realizado por Dove en 2004, un 63% de las mujeres está muy de acuerdo con la idea que los estándares de atractivo son más exigentes ahora que lo fueron para sus madres, y 60% reconoce que sienten que la sociedad espera que realcen su atractivo, que un 59% que las mujeres guapas son más valoradas por los hombres y que un 45% que las mujeres bellas tiene más oportunidad en la vida.

Pero ¿de dónde vienen todas estas expectativas sobre el físico? Es cierto que la representación mediática no ayuda mucho (a un 76% de las encuestadas les gustaría que la belleza femenina fuera representada como algo más que atractivo físico), pero eso no puede ser todo, hay muchos más factores y uno de los que olvidamos a menudo es la relación con otras mujeres. Estoy segura que habéis escuchado alguna vez una, si no todas, de las frases que siguen:

  • ¡Qué guapa estas!, ¿has adelgazado verdad?
  • Tienes que cuidarte más que has engordado un poco
  • No comas tanto que te va a crecer el culo/barriga/añade la parte del cuerpo que más odies
  • ¿Vas a comerte todo eso?
  • Si te pusieras un poco más de maquillaje estarías más guapa
  • Deberías usar ropa que te favoreciera más
  • Deberías probar producto X, está muy rico y además no engorda/es bajo en grasa/ dietético

Y estas son solo las formas más burdas y directas de hacerte saber que tu físico está siendo juzgado en todo momento y que se espera de ti que pelees por mejorarlo. La gente que nos rodea incluso de forma inconsciente nos envía el mensaje de que tipo de belleza es aceptada y cual no; que sus intenciones sean buenas no quiere decir que sus mensajes sea menos dañinos.

Lo más peligroso de este tipo de presión es que, al contrario que con la presión mediática, la mayoría de las veces no somos conscientes de cómo nos están afectando estos comentarios que vienen de gente que queremos. Esta clase de influencia es muchas veces el enemigo invisible y es muy difícil luchar contra algo que ni siquiera sabes que está ahí.

Toda esta presión que nos trasmitimos unas a otras no deja de ser curiosa sobre todo dado que el 85% de las mujeres cree que todas tenemos algo hermoso, un 89% cree que se puede ser hermosa a cualquier edad y un 82% quiere que sus hijas se sientan hermosas. Así que si tú eres una del 68% de las mujeres que desearía que los medios y la publicidad hicieran un mejor trabajo representando los distintos tipos de atractivo físico, la próxima vez que abras una revista piensa en que estás haciendo tú para apoyar los distintos tipos de atractivo y la idea de una belleza más variada y compleja.

Sé el cambio que quieres ver en el mundo

domingo, 25 de marzo de 2012

Lucha en contra la hipersexualización infantil

 

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Aunque muchas veces nos dejamos llevar por las apariencias, la situación de la mujer sigue sin ser todo lo buena que debería. Las presiones sociales son tan o más grandes que hace 20 años y lo peor es que estas presiones en lugar de reducirse están empezando a afectar a hombres también. Por eso, creo que la acción de la protagonista de la semana es tan importante.

Chantal Jouanno es una política francesa que encabeza la lucha contra la hipersexualización de las niñas llevada a cabo por las revistas de moda. La polémica se desencadenó con un reportaje fotográfico realizado por Vogue hace un año y que fue el desencadenante para desarrollar un estudio sobre el aumento de las imágenes sexuales de preadolescentes.

La senadora francesa alertó de que la intrusión precoz de la sexualidad conlleva daños psicológicos irreversibles en el 80% de los casos y que puede provocar disturbios en el comportamiento de las pequeñas, como la anorexia. De hecho, el 37% de las menores de 11 años están ya a dieta. Además Chantal Jouanno cree que este tipo de fotografías llevan a la banalización de la pornografía lo que en el caso de los hombres podría llevar a comportamientos sexuales violentos y al acoso.

Para contrarrestarlo, Chantal Jouanno a propuesto una serie de medidas  entre las que se incluyen la prohibición de menores de 16 años de ser imágenes de marca o participar en concursos de belleza, o la creación de campañas de concienciación social.

 

Sinceramente, me alegra saber que seguimos avanzando en lucha por nuestros derechos y que todavía hay mujeres en política que se dan cuenta que a pesar de hemos conseguido mucho, aún nos queda un largo camino por delante. Y la protección de nuestros niños es una de las más importantes, al fin y al cabo si ellos son la sociedad del mañana deberíamos intentar no educarlos con ideas de ayer.

viernes, 23 de marzo de 2012

La báscula al poder

Esta es la segunda entrega del análisis del estudio “ La verdad sobre la belleza”. Puedes acceder al estudio aquí o al resto de entregas aquí

Que el peso de una persona se ha convertido en uno de los principales motivos de autorechazo y baja autoestima no es ningún misterio. Las personas con sobrepeso u obesidad están sometidas a un continuo ataque y derribo por parte de la sociedad y la cifra de tu peso no es sólo algo que mantener más en secreto que tu contraseña del banco sino algo de lo que avergonzarse continuamente como una gran letra escarlata pintada en el medio de tu rechoncha barriguita.

No voy a entrar en el tema de porque este continuo ataque no es bueno para nadie (tal vez en próximos posts) sino en cómo esa percepción de nuestro peso afecta a cómo nos vemos a nosotros mismos. Según últimos estudios alumnos de preescolar ya perciben el sobrepeso como algo negativo y tienden asociar a los personajes gordos como “malos”. Estrategias como la que intentó llevar a cabo Disney (ahora eliminada debido a las protestas), donde los niños directamente tienen que luchar, pegar y deshacerse de villanos con sobrepeso no ayudan a la causa.

En el estudio de Dove, un 47% de las mujeres encuestadas consideraron que su peso era muy alto, lo cual no sería tan preocupante si no fuera porque un 31% de esas mujeres dijeron que se sentían muy insatisfechas con su peso y/o la forma de su cuerpo (mientras que la insatisfacción con partes concretas de su cuerpo disminuye considerablemente) y el 48% reconoció que cuando no se sentía bonita se sentían mal en general con ellas mismas. Estos porcentajes concuerdan con los aspectos de la vida con los que las mujeres se sienten más insatisfechas: éxito económico seguido de su aspecto físico (atractivo, belleza, peso…). Además el peso no influye sólo en cómo nos percibimos a nosotros mismos sino como percibimos al mundo y nuestras posibilidades ya que el 45% de las encuestadas consideran que las mujeres bellas tienen más oportunidades en la vida.

¿Qué quieren decir todas estas estadísticas? Que la percepción negativa de las mujeres sobre su propio cuerpo está directamente relacionada con su peso y que eso no solo afecta a su autoestima sino también a su felicidad y a la forma en la que ven el mundo. La continua persecución a las personas con sobrepeso, a menudo enmascarada tras la búsqueda de la salud, ha ocasionado que las mujeres se sientan incomodas en su propio cuerpo y puede llevar a desarrollar distintos tipos de desordenes alimenticios.

Las señales están ya ahí. En EEUU, el número de menores de 12 años afectados por algún tipo de desorden alimenticio a aumentado un 119% y lo que es peor, de acuerdo con un estudio de la Universidad Complutense de Madrid realizado en 2009, la percepción de estas enfermedades se ha empezado a considerar como “normal” o al menos habitual y no como lo que realmente es, una consecuencia de las presiones sociales y algo que podría evitarse.

La báscula dicta nuestras vidas y lo peor es que no es en búsqueda de nuestra salud sino de un ideal de belleza inalcanzable (o así lo piensan un 68% de las mujeres) y que ni siquiera ha sido propuesto por nosotras. Por eso deberíamos rebelarnos, pelear por una visión de la belleza más compleja y realista, porque las mujeres se sientan cómodas en su piel, porque las expectativas sobre nuestro cuerpo salgan de nosotras no de los demás. Deberíamos rebelarnos por nosotras, nuestras madres, nuestras hijas, nuestras amigas, nuestras tías, sobrinas, vecinas, por nuestra felicidad… porque hay belleza en las tallas grandes y no solo cuando hablas del tamaño de tu sujetador.

lunes, 19 de marzo de 2012

Tú no eres promedio, eres extraordinaria

 Esta es la primera entrega del análisis del estudio “ La verdad sobre la belleza”. Puedes acceder al estudio aquí o al resto de entregas aquí

  La primera parte del estudio “La verdad sobre la belleza” realizado por Dove en 2004 se centra en como las mujeres se perciben a sí mismas o más concretamente como se definen en relación a su aspecto físico. Las palabras que utilizamos para describirnos son muy importantes porque a menudo esconden más información de la que pueda parecer. Utilizar una palabra en lugar de otra ofrece muy distintas connotaciones e influye en la forma que percibimos y entendemos el mundo.

Según el estudio, la palabra con la que se sienten más cómodas las mujeres para describirse a sí mismas es natural (34%) seguida de promedio (29%) mientras que un 2% se considera hermosa, un 9% atractiva y un 7% bonita. Sólo un 1% se definió como impresionante.

Cuando se le pide a las encuestadas que definan su belleza un 72% lo hace como promedio y cuando la pregunta es sobre el atractivo físico es un 69% el que se considera promedio. Esta variación aunque no es justificada en el informe sinceramente no creo que tenga que ver con la autoestima de las mujeres sino a otras influencias. Atractivo físico hace referencia más a sexualidad que a tu aspecto. El atractivo mide más la capacidad de atraer, normalmente en una forma sexual, a los demás y si algo nos ha recordado continuamente a las mujeres es “el efecto que tenemos en los hombres”. Además el atractivo es relativamente medible (que la gente se siente atraída por ti y en qué medida es bastante obvio) mientras que la belleza es mucho más abstracta y por eso, más difícil de ver en una misma

Pero volviendo al tema, para mí lo más llamativo no es que un porcentaje solo reducido grupo de mujeres utilizara palabras más halagadoras (bonita,hermosa) o que la mayoría fuera por el termino neutro, natural, o que un 43% de las mujeres entre 30 y 64 años se siente incómoda o muy incómoda al referirse a sí misma como hermosa; lo más curioso y preocupante para mi es que casi un 30% de las encuestadas se consideró “promedio”.

De buenas a primeras, promedio no parece una palabra negativa pero en realidad, si te paras a pensarlo, si que lo es cuando lo aplicas a una persona. Una mujer promedio implica que pasa desapercibida, no es ni muy guapa ni muy fea solo lo “normal” (sea lo que sea eso). Ser promedio implica no destacar, no ser diferente, ni especial, ni recordable. Implica estar perdida dentro de la masa y teniendo en cuenta que cada mujer, cada persona en realidad, es única, especial e irrepetible, la idea de que alguien puede ser promedio (por cierto, ¿promedio de qué?) no me parece una idea muy halagadora. Y lo que es todavía más importante, esas mujeres que se han considerado promedio han olvidado que cada una de ellas tiene algo singular, incluso cuando se trata de su belleza.

Si crees que estoy exagerando considera que en la mayoría de los países encuestados, un gran porcentaje de las mujeres se consideran por encima de la media en todos los demás campos de su vida. Las mujeres se consideran más felices que la media, más trabajadoras que la media, más listas que la media, más profesionales que la media pero cuando se habla de cómo se perciben a sí mismas, un 72% es promedio o lo que es lo mismo, no lo suficientemente hermosa o lo suficientemente guapa para destacar. Pero la idea no acaba ahí porque si no eres lo suficientemente buena implica que has fracasado o al menos no alcanzado la meta que se esperaba de ti, por lo que al considerarse promedio ese 72% de las mujeres están pensando que su belleza de alguna forma es un fracaso. ¿Ahora todavía me decís que promedio no es una palabra negativa para referirte a ti mismo? Y los de la encuesta preocupados por las que se describían como natural.

Y por si acaso vosotras sois de ese 72% que ha olvidado lo maravillosas que son os dejo un poema de Walt Whitman, uno de mis poetas favoritos y uno de los mayores defensores del amor a uno mismo.

He dicho que el alma no es más que el cuerpo,

Y he dicho que el cuerpo no es más que el alma,

Y que nada, ni Dios,   es más grande para uno que uno mismo,

Y que quien camina el octavo de una milla sin amor,

camina a su propio funeral, envuelto en su mortaja,

Y que tú o yo, sin un centavo en el bolsillo, 

podemos comprar lo mejor de la tierra, 

Y que mirar con un ojo o mostrar un guisante en su vaina

confunden la sabiduría de todos los tiempos 

Y que no hay oficio ni profesión 

en los que el joven que los ejerce no pueda convertirse en un héroe, 

Y que no hay cosa tan frágil  

que no pueda servir de eje para las ruedas del universo 

Y que cualquier hombre o mujer  

permanecerá sereno y arrogante ante millones de universos

 Recuerda. Tú puedes comprar lo mejor de la tierra. Tú puedes ser un héroe. Eres tú el eje del universo. Somos todos iguales. Somos todos únicos. Puedes cantar a Dios o a la brizna de hierba que está brotando y en el fondo, te estás cantando a ti mismo. Celébrate. Holgazanea y agasaja tu alma. Porque tú, lector, eres extraordinario. (Irati)

domingo, 18 de marzo de 2012

La verdad sobre la belleza

 
 Navegando por internet me encontré con este artículo acerca de los resultados del estudio realizado por Dove en 2011 centrado en la percepción de la belleza que tienen las mujeres sobre ellas mismas y los demás. Según el estudio solamente el 4% de la población mundial se refiere a sí misma como guapas y un 72% se siente tremendamente presionada por su aspecto físico de las cuales el 32% dice que su mayor presión es interna. Además el 54% de las mujeres encuestadas creen que nosotras mismas somos nuestras más duras críticas.
El tema me interesó en seguida, pero por desgracia no he conseguido encontrar en internet la publicación de los resultados completos del estudio (si alguien lo hace que me avise) por eso me lancé a leer el estudio realizado, también por Dove, en 2004. La verdad sobre la belleza, que es como se llama el estudio, ofrece datos interesantes y aunque ni de lejos creo que sus resultados se puedan extrapolar a nivel mundial como intentan (buena prueba de ello son lo diferentes que son los resultados de Japón, el único país no occidental de la encuesta) o algunas veces parezca más un estudio de mercado que un estudio sobre la belleza (no olvidemos que está patrocinado por una marca de productos de cuidado corporal) si que pueden servir como punto de partida para reflexionar sobre el tema de la belleza y como nos percibimos a nosotras mismas.
Como había muchos temas que quería tocar en relación al estudio he decidido dividirlos en varios post, más fáciles de leer, pero todos dentro de la misma colección, La verdad sobre la belleza (sí lo sé soy muy original). Para organizar esto un poco aquí tenéis las 4 entregas de la colección (iré añadiendo los enlaces según escriba los post):

Lazarus:Levántate y anda

 

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Esta semana en la sección Soy Fan no os traigo una persona os traigo un proyecto científico español que pretende ayudar a los pacientes con lesión medular a recuperar la movilidad. El proyecto llamado “Proyecto Lazarus: Levántate y anda” pretende financiar la investigación de la terapia de trasplante celular autólogo en humanos y para ello deben reunir 700.000 euros. La investigación que está dirigida por por la Dra. Almudena Ramón Cueto y cuenta con el apoyo de la Fundación Investigación en Regeneración del Sistema Nervioso (IRSN).

¿Pero qué es exactamente la terapia de trasplante celular autólogo? Esta terapia busca conseguir la regeneración del sistema nervioso utilizando células del propio paciente lo que elimina la necesidad de utilizar medicamentos inmunodepresores (se utilizan normalmente en los trasplantes) y la posibilidad de que las células trasplantada degeneren en un cáncer.

Esta terapia ha sido probada con éxito en animales pero no está recibiendo toda la atención que se esperaría porque de tener éxito no necesitaría podría patentarse y por lo tanto las perspectivas de beneficios económicos son reducidas. Por ese motivo, la IRSN a través del proyecto Lazarus ha decido tomar el relevo e intentar reunir los 700.000 euros necesarios para empezar las primeras pruebas en los cinco primeros pacientes.

Si os animáis a participar, bien sea donando dinero o a través de su Zoco virtual, podéis hacerlo a través de su página web http://www.proyectolazarus.com/. Yo ya he hecho mi pequeña aportación Sonrisa

miércoles, 22 de febrero de 2012

Ponerse tetas el día de San Valentín o porque quiero ser como Iron Man


Adoro el día de San Valentín. Todo esa idea de celebrar el amor, ya sea con tu pareja, amigos, familias o con un extraño que te cruces por la calle, me parece maravilloso.  Y no me vengáis con todo ese rollo de que es un fiesta inventada para que consumas. Yo celebro San Valentín todos los años, recibo y doy regalos todos los años y nunca me gasto ni un euro. Así que si el día de San Valentín te vuelves una loca consumista, te voy a decir un secreto, tú ya eras una loca consumista, sólo necesitabas una excusa.
A pesar de todo, tengo que reconocer que la gente tiende a volverse un poco extrema en ese día: pedidas de mano rimbombantes, billetes del viaje al caribe, consumo masivo de chocolate y un crecimiento exponencial del odio parejil y la envidia. Yo creía que lo había visto casi todo, pero este año han conseguido sorprenderme y con creces. Una conocida me ha dicho que de regalo de San Valentín a sí misma se había puesto tetas. ¿Qué mejor demostración de amor hacia una misma que pasar por el quirófano para cambiar tu cuerpo? Eso si es amor incondicional a una misma y lo demás son tonterías.
No voy a entrar en el tema del dinero. Supongo que es porque soy pobre pero si tuviera 6.000 dólares para gastar (ponerse tetas en California es increíblemente barato, será alta demanda, Hollywood no perdona las tetas pequeñas) creo que los invertiría en otra cosa. Pero la cuestión no es esa. Lo que me sorprendió es que una chica de 21 años, con un cuerpo precioso y nada de lo que avergonzarse hubiera decidido gastar parte de su dinero en cambiar algo en su cuerpo. ¿Cuánto debes odiar  esa parte de ti para decidir pasar por el quirófano? Pero si eso no es suficiente, lo que todavía me llamo más la atención es que otras amigas que tenemos en común, simplemente lo asumieran como algo normal, incluso envidiable.
La situación me hizo pensar mucho en la forma que, sobre todo las mujeres, nos vemos a nosotras mismas y nuestro cuerpo. Pararos un momento a pensarlo conmigo. Tienes a tu disposición 6.000 dólares y pudiendo gastarlos en tu educación, en un viaje por el mundo o simplemente invertirlos en bolsa y conseguir más dinero, decides que tu principal prioridad y necesidad es utilizar ese dinero para cambiar algo de tu cuerpo. ¿Quién te ha hecho pensar que tu cuerpo es algo que debe ser cambiado/ mejorado? ¿Quién te ha dicho que una de tus principales preocupaciones debe ser como luces por fuera? ¿Quién te ha dicho que tu felicidad va a unida a tu aspecto físico? Y lo más importante, ¿quién te ha dicho que pasar por el quirófano te ayudará a sentirte mejor, a quererte más, a gustarte más? Esa sensación sólo durará hasta que vuelvas a mirarte de nuevo en el espejo y descubras otra cosa que tampoco te gusta de ti.
No me malinterpretéis, no estoy tratando de juzgar a nadie, simplemente creo que si no en todos los casos, en un alto porcentaje de ellos estas operaciones se hacen por razones equivocadas y se cree que van a solucionar cosas que no deberían necesitar solución en primer lugar. Por eso, y aunque vaya un poco tarde, os traigo mi deseo para todos vosotros en el día de San Valentín:
Qué un día puedan decir de vosotros lo mismo que dicen de Tony Stark
Y que todas las decisiones que toméis sean sólo una forma más de demostrar cuánto os queréis y respetáis a vosotros mismos

miércoles, 15 de febrero de 2012

La tortura del traje de baño


La primera vez que vi este video pensé: “Las típicas ideas de siempre sobre quererse y aceptarse a uno mismo” y no le di más vueltas. La segunda vez que lo vi pensé  “¡Wow! La pobre mujer tuvo que pasar un frío…”. No me culpéis por este primer pensamiento, he estado en Nueva York y os puedo asegurar que no es Las Bahamas. Tras mi apreciación climática, la otra idea que me vino a la cabeza fue “Yo no haría eso ni por todo el oro del mundo”.
En realidad yo nunca me he considerado una mujer demasiado acomplejada, tengo una buena autoestima y puedo mirarme al espejo sin odiarme. No odio mi cuerpo, aunque como todo el mundo tengo algún complejo. Sin embargo, el hecho de pensar en ponerme en bañador (los bikinis han sido olvidados desde hace años) delante de un grupo de extraños me provoca sudores fríos, ya no hablemos de salir por la televisión a nivel nacional.
Estar en bikini me ocasiona problemas desde hace algún tiempo. Antes no era así, podía ponerme en bikini sin ningún tipo de complejo, aunque nunca he sido una chica que entre en la categoría de delgada.Sin embargo, aproximadamente hace dos años, aumenté de peso considerablemente y desde entonces no me he vuelto a poner en bañador, excepto en un par de ocasiones, la mayoría de ellas por razones laborales (trabajo como monitora de campamento) y siempre y cuando no haya una forma posible de evitarlo. Obviamente era consciente de que no era un comportamiento “normal” pero nunca lo había considerado como una situación grave o un gran complejo y eso es lo que se despertó en mi la segunda vez que vi este video.
A lo largo de toda mi vida y a pesar de sentirme relativamente a gusto con mi físico, he asumido que mi cuerpo es algo que debía esconder. No importa lo que yo pensara al respecto, los demás con sus comentarios o incluso con sus miradas me recordaban una y otra vez que mi cuerpo no era algo bonito y que debía intentar “disimular” esos kilos de más. Yo no encajo en el ideal de belleza y por lo tanto debo evitar enseñarme al mundo, al fin y al cabo, no tengo nada de lo que estar orgullosa ¿no?
Pero lo que me parece más importante sobre esto no es tanto como yo me siento sobre mi cuerpo sino como esas ideas han llegado a ser interiorizadas y asumidas por mí. Yo no cumplo los clichés habituales que normalmente van asociados a complejos con el peso :no he sufrido bullying y siempre he tenido un ambiente bastante positivo a mi alrededor, no soy lectora de revistas femeninas y tampoco tengo una autoestima baja, mi apariencia física y la moda no son mis principales preocupaciones o prioridades y sin embargo, no puedo pensar una tortura peor que ponerme en bañador y pensar en tener que vestirme para una fiesta me provoca un alto nivel de ansiedad. ¿Qué me ha influido entonces para creer que debo esconder mi cuerpo aunque yo lo encuentre relativamente aceptable? Esto es lo que yo creo:
  • La costumbre de la gente, ya sean familiares, amigos o simples conocidos, de destacar siempre quien es la más guapa de un grupo de chicas. Es algo inevitable, en cuanto un grupo de niñas se juntan en algún momento de la conversación, alguna de las madres dirá “Fulanita es preciosa” “Mira que cara más bonita tiene menganita” contestará otra y eso llevará a una conversación sin sentido para alabar las distintas cualidades físicas de cada niña. Cuando tu nombre no se menciona sabes que estás en problemas. Tampoco ayuda a la causa que el único halago que parece poder hacérsele a una chica es lo guapa que es/está. Si dicen cualquier otra cosa sobre ti, sabes, incluso aunque sea de forma  inconsciente, que dicen para tapar el hecho de que no eres lo suficientemente guapa. ¡Mírala la pobre, no es muy guapa pero es divertida o lista! Cuando tener sentido del humor, inteligencia, carisma, amabilidad son premios de consolación, es que nuestra sociedad tiene un problema grave
  • La obsesión por las dietas. No hace falta que nadie te diga que estás gordo y que eso es malo, vergonzoso, poco sexy o desagradable, las continuas referencias a dietas, a perder 20 kilos como un éxito de vida o al estar delgada como un sinónimo de mayor felicidad ya hacen el trabajo por ti. Al fin y al cabo, la decimocuarta vez en el día que ves un anuncio sobre perder peso empiezas a pensar que tal vez haya algo malo contigo. Si no fuera así, no se insistiría tanto. Por supuesto, las menciones directas son otra gran fuente de complejos. Si me dieran un dólar por cada vez que alguien me ha dicho “Si te cuidaras un poco, seguro que te ponías más guapa” sería rica. Por cierto, esa frase traducida viene a decir “si te pudieras a dieta, adelgazarías y serías más guapa”. Aún así, a mi los que más me gustan son los comentarios sin tapujos, casi siempre hechos mujeres, en la mayoría de los casos sin malicia o mala fe . Eso provoca extraños momentos como cuando una amiga me dijo “Si adelgazaras podrías ser muy guapa”. Sobra decir, que la frase paso a mi libreta de citas célebres.
  • No es ningún secreto que las típicas tiendas de moda no tienen tallas grandes. Desde que tengo memoria, nunca he podido comprar en tiendas donde compraban todas las demás chicas de la clase, ya ni soñar que la ropa me quedara como a ellas.  Tal vez en ciudades grandes es distinto, pero en una ciudad pequeña no poder comprar en las tiendas habituales no solo es algo que puede minar tu autoestima sino que significa que no vas a tener tiendas donde poder comprar. Creo que esas continuas decepciones es lo que ha provocado mi gran aversión a ir de compras. Pero esa no es la peor parte, una vez que asumes en que tiendas pueden encontrar ropa y en cuales no, no es tan problemático, lo que si lo es son las miradas. Yo soy consciente de que no puedo comprar en Berska, o Zara o Stradivarius pero por si acaso no me había dado cuenta, las miradas de las dependientas y algunas clientas te lo dejan claro.Ellas te miran con una mezcla de rechazo y pena como queriendo decirte “¡Sal de aquí ya! porque cariño, tú sabes que no perteneces aquí”. Esa mezcla pasivo-agresiva es muy típica, pero sin duda para mi lo mejor es cuando se acerca una dependienta preguntándote qué buscas y casi sin que te de tiempo a contestar ya está añadiendo “Uy, es que no va a haber talla”
  • Odiándote a ti misma llevas a otros a odiarse. A ver, aclaremos las cosas, no quiero decir que la culpa de que a mi y a otras mujeres no les agrade su cuerpo sea exclusivamente de los demás, pero cuando tú, chica de la talla 38, empiezas a quejarte sobre lo gorda que estas, la dieta que deberías seguir y como ese vestido te hace un culo enorme no nos estás haciendo ningún favor. Por supuesto, que nadie debería compararse con los demás y que tú debes ser feliz tal como eres, pero, reconozcámoslo, si tú llevas una talla 44 y tu amiga de la talla 38 se lamenta sobre el peso y empieza a controlar lo que come, es imposible que al menos no te cuestiones y pienses, “Tal vez debería empezar a preocuparme por mi cuerpo”. Así que la próxima vez que vayas a decir un comentario malicioso sobre ti misma, piénsalo dos veces, ya que si no vas a intentar quererte un poquita más, ayuda a los demás a odiarse un poquito menos.
Y para terminar, un par de estadísticas para reflexionar:
El ochenta y ocho por ciento de las mujeres adultas y el noventa y dos por ciento de las adolescentes cambiaría su aspecto físico.
El sesenta y cuatro por ciento de las mujeres adultas y el setenta y dos por ciento de las adolescentes evitaban realizar determinadas tareas por estar condicionadas por su físico.
Sólo el dos por ciento de las mujeres asumía tener una autoestima alta.
El veinticinco por ciento de las mujeres y el veinticuatro por ciento de las adolescentes se plantearían tal vez la cirugía estética.
Yo digo que cuando sólo un 2% de las mujeres cree tener una alta autoestima nos estamos enfrentando a un problema mucho mayor de lo que pensamos. ¿Cómo vamos a luchar por nosotras mismas, por conseguir una posición igualitaria en el mundo cuando un 98% de las mujeres ni siquiera se cree merecedora de su propio amor?